En el post anterior, hablaba sobre la gestión de la calidad de proyectos, enmarcada en dos metodologias basadas en procesos y herramientas, y cuyo objetivo es principalmente lograr lo planificado, es decir producir el producto diseñado, con los costes y las ventas previstas en el plan de negocios. Sin embargo, a mediados de los 90, muchos expertos en el área de gestión de proyectos comenzaron a cuestionar este tipo de metodologías, hasta que en marzo de 2001, 17 de estos expertos convocados por Kent Beck quien acababa de definir una nueva metodología denominada Extreme Programming, acuñaron el termino “Métodos Ágiles” para definir a aquellos que estaban surgiendo como alternativa a las metodologías formales, a las que consideraban excesivamente pesadas y rígidas por su carácter normativo y fuerte dependencias de planificaciones detalladas, previas al desarrollo. De allí surgió mas tarde, lo que hoy se conoce como manifiesto ágil, el cual expresa el valor que se debe dar a los individuos y su interacción por encima de los procesos y las herramientas; a el software que funciona, por encima de la documentación exhaustiva; a la colaboración con el cliente, por encima de la negociación contractual y a la respuesta al cambio por encima del seguimiento de un plan. De ese modelo de desarrollo ágil, cuyo ciclo de vida está compuesto por cinco etapas (Concepto, Especulación, Exploración, Revisión y Cierre) surgieron nuevas metodologías, algunas de ellas concebidas principalmente como metodologías para desarrollo de software, como SCRUM, pero que han sido aplicadas a la gestión de otro tipo de proyectos obteniendo resultados satisfactorios. Leer el resto de esta entrada »
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